La Batalla de Los Angeles

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Para intentar entender que sucedió realmente en la llamada La Batalla de Los Angeles nada mejor que ponernos en situación.

Estamos a día 24 de febrero de 1942 sólo han transcurrido tres meses desde la entrada de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial tras el ataque a Pearl Harbor y un solo día después de que el submarino japonés I17 comandado por Kozo Nishino abriera fuego contra una instalacion petrolífera de la costa californiana.

Los ánimos estan exaltados, el nerviosismo es palpable en las calles, y la noticia del ataque sufrido escasas horas antes a tan sólo unos kilómetros corre de boca en boca.

En la Madrugada del 24 al 25 de Febrero se decreta un apagón total y se convoca a la guardia antiaérea a sus posiciones defensivas.

A las 23:00h del 24 los guardacostas avisan de la presencia de un avión acercándose a LA, nada extraño en una ciudad importante.

A las 2:00 AM del día 25, son avistados por varios observadores diversos objetos no identificados en el cielo de la ciudad. Curiosamente, no todos los ven, de hecho, los informes posteriores hablan de incongruencias totales incluso entre miembros de un mismo equipo de vigilancia.

A las 3:16 AM la trigesimoseptima Brigada de Artilleria Costera abre fuego con sus ametralladoras del 12,7 mm y cañones de 76,2 mm.

El fuego antiaéreo dura 58 minutos en los cuales se dispararon más de 1.400 obuses.

Bajo el infierno desatado por los antiaéreos, y mientras dura este, algunos testigos afirman que los objetos se mueven en dirección Sur siguiendo una línea desde Santa Mónica a Long Beach.

A las 4:14 AM se sucede el alto el fuego, y horas después a las 7:21AM se da por concluido el apagón intencionado.

Hasta aquí los hechos desarrollados ese día.

La Batalla de Los Angeles.

Comunicaciones oficiales el día después.

El Secretario de Marina Frank Knox, dió una rueda de prensa, en donde indicaba que todo fue una falsa alarma, debido sin duda a los nervios propios de un estado de guerra y al ataque del día anterior a la refinería de petroleo.

Para dar más valor a sus palabras, hizo hincapie en que ningún avión enemigo había sido derribado y que ninguna bomba había caido en suelo estadounidense.

Obviamente estas explicaciones no convencieron a nadie, y la prensa empezó a hablar de un tratamiento misterioso del asunto.

En un editorial aparecido en Long Beach Independent, la redacción escribió lo siguiente:

«Hay una reticencia misteriosa en todo el asunto y parece que algún tipo de censura está tratando de poner fin a la discusión sobre el tema»

Incluso el Representante de Santa Mónica Lelan Ford solicitó una investigación al Congreso. Investigación que nunca se llevó a cabo.

Datos sorprendentes

No obstante la valoración oficial, resulta curioso que el General George C. Marshall, todavía Jefe del Estado Mayor, redactara una carta al Presidente Roosvelt en la que le detallaba el suceso en los siguientes términos:

«…aviones no identificados los cuales viajaban a velocidades variables dificiles de precisar que van desde extremadamente lentas a unos 320 km/h y auna altitud aproximada desde 2.743 a 5.486 metros de altura…»

Desde luego, para no existir ningún objeto avistado, los datos proporcionados al Presidente por un Jefe de Estado Mayor son extremadamente precisos.

Así mismo, el achacar a los nervios el fuego indiscriminado contra nada puede ser explicado si los disparos se efectuan durante unos pocos minutos. Creemos que 58 minutos es demasiado tiempo para disparar sin control.

En 1.983, cuarenta y un años después del suceso, la oficina de Historia de la Fuerza Aérea dictaminó que todas las evidencias apuntaban a globos meteorológicos como causantes del incidente.

(Un momento ¿no habían dicho que se disparó contra la nada?)

Bien, veamos, unos globos meteorológicos, unidos al extremo nerviosismo hacen que durante 58 minutos, todo el mundo pierda el sentido de la realidad, y vea enemigos donde sólo hay unos inocentes instrumentos de meteorología . . . durante 58 minutos.

De igual manera se disparan 1.400 balas de artillería de grueso calibre y no se consigue derribar a ninguno de estos pobres globos meteorológicos.

Es decir, cientos de personas sufren de histeria colectiva, incluidos los artilleros. Esta histeria les dura 58 minutos, y les hace ver cosas que primero no existen y luego son sondas meteorológicas, las cuales, no nos queda claro si tampoco existen o están construidas de un material que repele los obuses, y no unos cuantos sino 1.400. Además, el Jefe del estado Mayor en una misiva al Presidente, le comunica que esos objetos inexistentes tienen una velocidad y altura determinada.

NOTA DEL AUTOR

En la investigación efectuada para realizar el artículo La Batalla de Los Angeles, encontramos diversas fuentes que manifiestan la existencia de la carta enviada por el General George C. Marshall al Presidente Roosvelt. No obstante nos ha sido imposible encontrar una copia, reproducción o mención oficial de la misma. No obstante, dados los incontables testimonios que la nombran y dan fé de su existencia hemos decidido incorporarla al relato. Pero, repetimos no hemos podido contrastar la total veracidad de este hecho.

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